Todo comienza alrededor de 1997, cuando Steve Jobs hizo su regreso a Apple con una gran y renovada visión. Ante la desastrosa situación de la empresa, los grupos de empleados de Apple se culpaban los unos a los otros por su paulatina desaparición, todo estaba en ruinas. 

Jobs pasó los primeros meses asumiendo la reducción en los productos y empleados de la empresa, tratando de volver a encontrar la luz. Lo que quedaba eran dos líneas de productos, el PowerPC y la familia Mac, y ya era hora de tomar una arriesgada apuesta que hiciera cambiar el rumbo de la empresa de la manzana mordida; había que poner toda la carne en el asador. En primer lugar fue la familia Mac, con un plan de renovación en el envío y entrada de datos, llevado a un formato “universal” (USB), y fue la primera en desechar la unidad de disquete de 3,5 pulgadas. Este enfoque visionario con innovaciones tan radicales se convirtió, más adelante, en una seña de identidad de Apple.

Ken Segall llegó a Apple directamente de NeXT, con Steve Jobs, y él y su equipo se sorprendieron al oír por primera vez el nombre que Jobs quería asignarle a su nueva línea de productos. Al parecer le costó bastante convencer al resto del equipo, pero al final Steve Jobs acordó con sus compañeros de trabajo establecer un nombre tan diferente como llamativo: iMac.

“Un Mac es sinónimo de plena potencia, por lo que puede hacer un montón de cosas. Pero, ante todo, lo mejor es que te llevará aprender a usar Internet 10 minutos, incluso si usted nunca ha usado una computadora antes.”

Y ahí es justo de donde viene la “i” en todos los productos sucesivos de Apple: “i” de Internet, la nueva característica más importante del iMac. El nombre era perfecto. Era simple, era obvio y encajaba a la perfección en los Think Different de Apple. “Valor como individuo e imaginación”, estos son los valores centrales de Apple con los que se construyen los nombres de los actuales iPod, iPhone y iPad.

Fuentes: webpractices