Mucho se ha hablado de lo perjudiciales que pueden ser las radiaciones emitidas por los móviles para nuestra salud, pero nunca se había tenido tanta información como hasta ahora. ¿Son de verdad dañinas para nuestra salud las frecuencias que utilizan nuestros móviles para mantenernos conectados?

Fruto de esa pregunta surgió el trabajo que está llevando a cabo el Instituto Nacional del Cáncer (NCI) de los Estados Unidos. El NCI apoya la difusión de la investigación, la formación, la información de salud y otros programas relacionados con la causa, el diagnóstico, prevención y tratamiento del cáncer. Y qué mejor que este prestigioso Instituto para salir, de una vez por todas, del estanque de dudas, preguntas y ambigüedades que tanto tiempo han estado pululando por los portales informativos.

Según el NCI, “los teléfonos móviles emiten energía de radiofrecuencia que puede ser absorbida por los tejidos que están más cerca de donde se sujeta el teléfono. La cantidad de energía de radiofrecuencia a la que se expone el usuario del teléfono móvil depende de la tecnología del teléfono, de la distancia entre la antena del teléfono y el usuario, del grado y tipo de uso y de la distancia que hay entre el usuario y las torres de señal”.

4G: más riesgos para la salud

En el caso del 4G, una tecnología de frecuencias más profunda, los riesgos pueden ser más altos según una investigación llevada a cabo en California. Por otra parte, José L. Alacid, analista de telefonías móviles e ingeniero técnico en sistemas de telecomunicación afirma que “es cierto que el implantar esta nueva tecnología implica un aumento de campos radioeléctricos”, pero que “previamente a toda  nueva implantación y/o despliegue radioeléctrico, deben realizarse los estudios pertinentes en forma de proyectos radioeléctricos, indicando mediciones actuales y futuras a la instalación”. “Estos proyectos deben ser redactados por un ingeniero titulado, visados por el colegio competente y notificados al ministerio de Ciencia y Tecnología, quedando todas las mediciones por debajo de los valores máximos permitidos según la normativa Europea”, asegura el especialista en redes móviles.

Tanto el NCI como el especialista en sistemas de comunicación basan sus preocupaciones en algo llamado “campos radioeléctricos” o “radiofrecuencias”. Pero, ¿qué son?

El Instituto Nacional del Cáncer dice que “la energía de radiofrecuencia es una forma de radiación electromagnética. La radiación electromagnética se puede clasificar en dos tipos: ionizante (p. ej., los rayos X, el radón y los rayos cósmicos) y no ionizante (p. ej., la radiofrecuencia, la frecuencia sumamente baja o la frecuencia eléctrica)”. Por otro lado, el NCI comenta que desde hace no mucho “se sabe que la exposición a la radiación ionizante, como la de radioterapia, aumenta el riesgo de cáncer”.

El NCI afirma que “un estudio reciente mostró que cuando una persona usaba un teléfono móvil durante 50 minutos, los tejidos del cerebro del mismo lado de la cabeza donde estaba la antena del teléfono transformaban, por metabolismo, más glucosa que los tejidos del lado opuesto del cerebro”.

Los niños: los más vulnerables

El daño de las radiaciones móviles parece evidente, pero no son los adultos quienes más riesgo corren ya que según el NCI, son los niños los más vulnerables a estas radiofrecuencias: “En teoría, los niños tienen el potencial de correr un riesgo mayor que los adultos de presentar cáncer de cerebro por los teléfonos móviles. Sus sistemas nerviosos aún están en formación y por consiguiente son más vulnerables a factores que pueden causar cáncer”.

Evitando las radiofrecuencias

Entonces, ¿qué podemos hacer los usuarios de móviles para reducir nuestra exposición a la energía de radiofrecuencia? La Comisión Federal de Comunicaciones, ha sugerido alguna medida que los usuarios preocupados por los teléfonos móviles pueden tomar para reducir su exposición a la energía de radiofrecuencia:

  • Reservar el uso de los móviles para conversaciones cortas o para momentos en que un teléfono fijo no esté disponible.
  • Usar un dispositivo que deje libres las manos para crear mayor distancia entre el teléfono y la cabeza del usuario.
  • Los dispositivos que dejan libres las manos reducen el grado de exposición de la energía de radiofrecuencia a la cabeza porque la antena, la cual es la fuente de energía, no se pone cerca de la cabeza.

La gran labor llevada a cabo por el NCI es digna de mención, pero no son ellos los únicos que están al pie del cañón en las más actuales investigaciones sobre la posible contaminación cancerígena emitida por los móviles.

La Oficina Internacional de Investigación de Cáncer  (International Agency for Research on Cancer, IARC), componente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha clasificado recientemente los campos de radiofrecuencia como “posibles carcinógenos para los seres humanos”, basándose en la evidencia limitada de estudios de la energía de radiofrecuencia y cáncer en roedores y en la “escasa evidencia mecanicista, (de estudios de toxicidad, de efectos sobre la función del sistema inmunitarioexpresión de genes y de proteínas, de la señalización móvil y del estrés oxidativo, junto con estudios de los posibles efectos de la energía de radiofrecuencia en la barrera hematoencefálica)”.

Los tecnicismos médicos pueden sonar lejanos, e incluso aburridos. Pero más allá de las palabras científicas, lo que cualquier usuario activo de teléfonos móviles debe tener claro es que existe un enemigo invisible que le acompaña a todas partes. Los estudios continúan desarrollándose, pero mientras tanto (y cayendo en el popular dicho): más vale prevenir que curar.

Fuentes gráficas: AdictaMente